El entendimiento de las formas cognoscitivas es el parteaguas, ciertamente, entre una simple y llana unión y un vínculo real. Ayer, mientras desempacaba mis maletas tras el largo viaje, me di cuenta de que había olvidado algo en el camino... No es egoísmo, lo juro, aunque sea difícil de creer, es cuestión de principios (y no hablo de ética), de mi formación primigenia, de mi estructura básica. Cuando aprendí a ver más allá del sentido superficial de vivir, pude ver todo muy claramente. Es muy sencillo de explicar, aunque difícil de creer; las cosas se ven como si portáramos visión infrarroja, solamente que no detectamos el calor. Nuestros ojos ven la irradiación de la relevancia, del más allá, no del ahora, no del futuro, sino del siempre; más vivos son los colores, más atractivo resulta a la vista profunda (no la que se produce solamente con los ojos) lo perpetúo, y eso es algo que simplemente se siente, puesto que el significado aún no nos ha sido revelado y probablemente nunca nos lo sea.
Cuando salía de Praga olvidé algo, y lo sabía, pero también lo sabía olvidado a voluntad. Olvidar es una misconcepción bastante usual entre el populo, y no lo digo así, queriendo ser despectivo -a quién engaño...- ; olvidar suele ser, en cuestiones semánticas, y si lo aplico, al menos a mi contexto (y probablemente al de muchos otros), colocar en donde ya no podamos ver, lo que desde el fondo de nuestro ser, nunca quisimos tener más presente en nuestras vidas. Debo aclarar, claro está, que es una definición bastante parcial y que, si analizamos en un sentido muy estricto, de hecho bastante subjetiva; bien puede significar cosas lo suficientemente distintas para anular completamente mis absurdos significantes...
Cuando salía de Praga olvidé algo, y lo sabía, pero también lo sabía olvidado a voluntad. Me dejé a mí mismo. Me olvidé y me traje solamente lo que restaba. Los restos. El resto. Rest in Peace my dearest friend, Rest in Peace, my inner self.
