domingo, 1 de agosto de 2010

Alegoría

Es recomendable escuchar la canción mientras se lee la miniatura.

 
Entre los candiles nocturnos la soledad me acompaña furtiva. Entre un matiz de luces multidireccionales, ni la sombra se asoma ante la verdad y el miedo. Miedo como estado básico adquirido; miedo como estado básico requerido, dirigido. No hay dolor, dice la canción: La urbe se despuebla y el humo alegórico, metafórico, me ahoga cual real fuese, existiese, quisiese. Ya se encendió la mecha y la cuenta regresiva no hace más que atosigar la consciencia, contaminar el alma. Despertaré... es sólo un sueño. Mentira. Costumbre.
     Terror ferviente, conclusión inminente: Hay que aprender a leer el guión, hay que aprender a darse cuenta cuando las hojas ya terminaron de correr entre las manos y hay que aprender a notar cuando se está improvisando sobre escaleta auto determinada. Hay que aprender a seguir los designios del Director, hay que aprender a otorgar orden y equilibrio, hay que aprender a dejar de inventar por el afán de no terminar; hay que acatarse a las reglas. Hay que comprender que hay diferencia... Es Cine, no Teatro.
     No hay dolor.
     Así hablaba Zaratustra.
     Cómo no.
     Me desplomo inerte; mi ironía se ríe de mí y lo más triste es que a mí sólo me puede dar risa. Soy un cínico conmigo: Reformador contigo. No hay con que seguir alimentando el hambre. No existe como mantener encendido el calor: Congelarse en infierno de perpetuidad... derretirse en Luna evidenciadora. Mi rostro no refleja más la serenidad que dice tener. Mi rostro no tiene (nunca más) el semblante con el que te vio nacer, con el que decía verse al espejo cuando no veía nada. Imagen vacía en reflejo atormentante, universo agobiante, atosigante.
     Entre los candiles nocturnos la soledad me acompaña furtiva. Entre un matiz de luces multidireccionales ni la sombra se asoma ante la verdad y el miedo. Entre un matiz de luces multidireccionales, aunque me cueste la cordura; el conocimiento y la inteligencia... no vas a ganarme, destino, no esta vez... no vas a ganarme aunque  retarte represente sólo parte de tu mismo juego... aunque retarte represente un acto más del que a mi libre albedrío le gustaría pensar que manipula y domina. Te odio.
     Somos juguetes del destino...

La Memoria de René Magritte.