sábado, 18 de marzo de 2017

Abismo

Eres un abismo, espejismo.

Un agujero negro que se lleva hasta la oscuridad y queda nada.

Y no queda nada.

Queda el sulfurar que agobia, queda la furia del volcán que duerme. Se acaba todo pero comienza apenas y no cambia.

Cambia nada.

Y así, hasta que ya no me lastime.

martes, 31 de enero de 2017

Sombra

¿Por qué eres así?

Un espejismo fantasmagórico. Un oasis que es infierno.

Una trampa, la mentira.

Te nutres de la apropiación. Embriagas con la falta a lo cotidiano. Y después envuelves.

Envuelves en un manto tan oscuro, tan súbito que aterra. Tan íntimo que cobija, consuela, arruya la consciencia hasta venderte la voluntad.

Te violento consensuada.

Te respiro.

Te diluyo en el caldo de lamentos que son suspiros. Frenéticos. Es el vaivén de querer dejarse ir, de abandonarse en la oscuridad, olvidar el camino de regreso y aceptarse así.

Una sombra.

sábado, 1 de febrero de 2014

Cementerio



En el cementerio aprendí a no escribir para alguien más. Luego aprendí a romper mis propias reglas (just like I'm sure you always do).

Normalmente cuando abandono algo en mi vida es porque me grita que lo deje ir. El cementerio sólo guardó silencio, y con ello, yo también.

El cementerio existe porque yo existo, es porque yo soy, se esconde porque yo me escondo. Lo olvido para que no queme, lo recuerdo para no olvidar.

Si no lo siento, no existe. Si no me siento, no existo. Si no existo, lo siento. Si no sientes, existe.

Hace poco me pidieron que considerara escribir. Hago demasiados juegos de palabras, pensé.

domingo, 26 de enero de 2014

Volver

Volví al cementerio...
Volví por ella... y volví por Ella...
Volví al reconocerme y para conocerme...
Volví porque me quema. Volví porque ya no quemaba.
Volví porque me vi sin verla... volví para sentirme cerca...
Volví para ya no esperar(me), para ya no buscar(la), para ya no tener(le),  para ya no perder(me), para ya no llorar(me), para ya no sentir(la).
Y aún así, no tengo a dónde regresar.

viernes, 22 de julio de 2011

Túneles

Dispara... le grité rotundo; no podía soportar que me tuviera clemencia... no es mi estilo... Esto es a matar o morir… le dije casi violento y la vi con la mirada más pesada que tenía por esos días. Sólo reía...
     Desde el fondo del pasillo me observaba, sórdida y perdida entre los canales de su inconsciente, con la intensidad de sus pasiones consumiéndole la realidad y con el corazón desenfundado... un titilante foco de 60w nos iluminaba...
     Taciturnos como siempre... / Rogar, nunca... / Me decepcionaría mucho...
     Levanté la mirada; en la suya... sólo ella, exuberante, exacerbante, desde el fondo del alma hipertrofiada y haciendo gala de la gracia que la distingue... distinguía...

lunes, 23 de mayo de 2011

Del nombre justo que resultó casualmente ser el tuyo

Atosiga... anda... como si no te atemorizara... obsérvame como si quisieras verme profundo y adéntrate sin miedo... o con miedo... igual y me hace rechinar un poco los dientes...
     Escucha el respirar de los cuerpos y observa el transpirar de las emociones... exacerba en colectivo y... proyecta tu dolor autoinfligido...
     Estremécete... siéntete transgredida entre matiz de luces y sombras... y disfruta la transgresión... la perforación... Exhala los suspiros del deseo y entrégate al resistir que te lastima...
     Te tengo y quiero tenerte... poseerte... fundirte hacia mí y robarte el aliento en el instante... el ahora... el siempre... robarte la luz de los ojos y privarte de la actitud de los párpados... el privilegio de percibir y así conocernos en sinestesia... sinestesia...
     Te destrozo... con tu nombre pasional y el mío... te desgarro y te atosigo... como tu hicieses... pero hasta ahora yo contigo... fuerte...
     Te vas a morir... y va a ser entre mis brazos...

miércoles, 16 de marzo de 2011

Tenerme

Sí... te tuve. Entre tu sollozar entrecortado y las uñas que se enterraban en mi espalda, sin tregua alguna al inconsciente. Verte a los ojos resultaba embriagante y... atosigarte con los míos me destruía en causa perpetua de un reflejo autoinfligido. Me observabas fijamente.
      Era el único momento en el que me veías a los ojos.
    A veces me gustaba pensar que de cierta manera, mientras transpirábamos en colectivo, te surgía del alma una extensión más del ser, que me poseía, que me tenía... que me intimidaba tras la vacuidad atiborrante y profunda de mi reflejo, que me otorgabas en inconsciencia.
     Me consumiste con tus espejos.
     Sí… te tuve... pero ya no tenía nada de mí.

Inscrito en una de las páginas de El Último Libro del Mundo.