Hace calor aquí, y aunque esta oscuro, puedo verte aún frente a mí, inmóvil, y seguir odiándote.
Sí, lo sé; desde el principio sabía que nuestro amor era imposible, pero... a quién has de culpar por hacer el intento, tú habrías hecho lo mismo... aunque jamás lo hiciste; que tristeza que nunca pudieras llegar a amarme como tú sabes me lo merecía. Los inteligentes deliberan y los necios deciden. Estúpida. Me lo repetías hasta el hartazgo con tu pequeña, hermosa y cínica sonrisa, me daban ganas de retorcerte el cuello cada vez que te burlabas de mí con tu soez actitud, bien dicen que el mundo no da tantas alegrías como las que quita, pero realmente tenía la esperanza de que no fueses tú quien me arrancara la sonrisa. Es mejor callar aparentando ser idiota que abrir la boca y disipar las sospechas, y es que mi auténtico amor por ti me hizo pensar que podías cambiar a la par de nuestras experiencias, que quizás hasta te interesaras por mi trabajo; que te interesaras por algo.
Vivías criticando nuestro estilo de vida; se te hacia tarea de un fracasado dedicarse a traducir obras de otros autores; nunca entendiste lo que Allan Poe significaba para mí, y que sin embargo hubiera dejado, todo sea por ti. Las traducciones se parecen a las mujeres, cuando son bellas no son fieles y cuando son fieles no son bellas, que ironía de la vida qué a un traductor literario le tuvieran que ocurrir semejantes desgracias. Me engañaste con la muerte. Me prometiste tu amor para siempre y solo de ello me quedó encontrarte colgada junto a las calderas a la par que me introducía en la gran estructura metálica y las llamas acababan con mi existencia para siempre… Cobran muy poco las putas por todo lo que dan.
