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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Caldera

Hace calor aquí, y aunque esta oscuro, puedo verte aún frente a mí, inmóvil, y seguir odiándote.
     Sí, lo sé; desde el principio sabía que nuestro amor era imposible, pero... a quién has de culpar por hacer el intento, tú habrías hecho lo mismo... aunque jamás lo hiciste; que tristeza que nunca pudieras llegar a amarme como tú sabes me lo merecía. Los inteligentes deliberan y los necios deciden. Estúpida. Me lo repetías hasta el hartazgo con tu pequeña, hermosa y cínica sonrisa, me daban ganas de retorcerte el cuello cada vez que te burlabas de mí con tu soez actitud, bien dicen que el mundo no da tantas alegrías como las que quita, pero realmente tenía la esperanza de que no fueses tú quien me arrancara la sonrisa. Es mejor callar aparentando ser idiota que abrir la boca y disipar las sospechas, y es que mi auténtico amor por ti me hizo pensar que podías cambiar a la par de nuestras experiencias, que quizás hasta te interesaras por mi trabajo; que te interesaras por algo.
     Vivías criticando nuestro estilo de vida; se te hacia tarea de un fracasado dedicarse a traducir obras de otros autores; nunca entendiste lo que Allan Poe significaba para mí, y que sin embargo hubiera dejado, todo sea por ti. Las traducciones se parecen a las mujeres, cuando son bellas no son fieles y cuando son fieles no son bellas, que ironía de la vida qué a un traductor literario le tuvieran que ocurrir semejantes desgracias. Me engañaste con la muerte. Me prometiste tu amor para siempre y solo de ello me quedó encontrarte colgada junto a las calderas a la par que me introducía en la gran estructura metálica y las llamas acababan con mi existencia para siempre… Cobran muy poco las putas por todo lo que dan.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Sandwich

La pureza de sus ojos era avasallante. Avasallante como los largos caireles que caían dóciles sobre sus hombros. Hombros desnudos que incitaban a una descripción total. Total como mi amor por ella y todos esos sentimientos incontrolables que me inspiraba su presencia. Su presencia ausente que solo existía en mi mente. Solo existía en mi mente y eso era precisamente lo que me hacía amarla tanto. Tanto como lo perfecta que era para mí. Para mí y nadie más, así de egoísta era su existencia en mi psique. Mi psique perturbado y esquizoide, o como lo quieran llamar los doctores. Los doctores que me analizan tras la muerte de mi querida Sara. Mi querida Sara: Haz de saber que a pesar de lo que llegues a escuchar de mí, yo estoy bien, bien y amándote como nunca en vida pude hacer y solo en tu muerte pudiste entender. Entender que detrás de todos mis maltratos existía muy en el fondo un ser que te amaba tanto. Que te amaba tanto que le era difícil dejarte ir, así, tan fácil. Así tan fácil como fue enterrarte entre los ladrillos de la pared de nuestra vieja alcoba.