lunes, 30 de noviembre de 2009

Sandwich

La pureza de sus ojos era avasallante. Avasallante como los largos caireles que caían dóciles sobre sus hombros. Hombros desnudos que incitaban a una descripción total. Total como mi amor por ella y todos esos sentimientos incontrolables que me inspiraba su presencia. Su presencia ausente que solo existía en mi mente. Solo existía en mi mente y eso era precisamente lo que me hacía amarla tanto. Tanto como lo perfecta que era para mí. Para mí y nadie más, así de egoísta era su existencia en mi psique. Mi psique perturbado y esquizoide, o como lo quieran llamar los doctores. Los doctores que me analizan tras la muerte de mi querida Sara. Mi querida Sara: Haz de saber que a pesar de lo que llegues a escuchar de mí, yo estoy bien, bien y amándote como nunca en vida pude hacer y solo en tu muerte pudiste entender. Entender que detrás de todos mis maltratos existía muy en el fondo un ser que te amaba tanto. Que te amaba tanto que le era difícil dejarte ir, así, tan fácil. Así tan fácil como fue enterrarte entre los ladrillos de la pared de nuestra vieja alcoba.

3 comentarios:

  1. Si Poe viviera...te demandaría por plagio XD, Avasallante, pocas palabras en el idioma español poseen tanta belleza.

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  2. Lamento quitarle el romantisismo Héctor, pero a mi siempre me ha sonado a avellana... lo cual pensándolo bien es más delicioso... umm.

    Mr. soni, usted va a matar a alguien, alguien que por suerte no fui yo.

    Y si, don Edgar ya te hubiera puesto una demandota increíble :p

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  3. Ps será desarrollo paralelo porque de el he leido como 4 cuentos y ni idea jajaja. Además de que fue una actividad en clase totalmente improvisada.

    Independientemente, creo que es un comentario hasta cierto punto positivo jajaja.

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