"...tomó mucho más tiempo del que recordaba tardaba esto."... pensé. Me levanté cansado, asqueado, no podía negar que lo había disfrutado, pero ciertamente no era mi noche ideal. Vi su espalda desnuda, maltratada por las marcas de la vida y con cicatrices casi repulsivas que parecían tener vida en menor o mayor medida. Me incorporé.
Todavía recuerdo las sensaciones; el roce de mi glande a través de sus entrañas sació mi apetito sexual, la masturbación no era suficiente ya, en un mundo en donde el sexo puro y duro con otro individuo era escaso y casi privilegiado. Vale la pena pagar casi 500 ginots por conseguir uno de esos culos, que al menos en ese sentido no podía quejarme.
Regresé a la alcoba. La tenue luz del casi inservible y solitario foco de la habitación apenas funcionaba para dejarle entre ver a mi cansada vista las aterciopeladas paredes rojas. Mi clon sexual se había desintegrado ya, y solamente quedaba el rubor sanguíneo de su existencia, que hace pocas horas me había sido útil... Me recosté sobre la cama y la puerta se abrió. Era yo mismo. Y a mí mismo me veía cuando sentía como mis órganos internos se licuaban entre las sábanas de la vieja cama.
