La flotación en el aire de energía estaba en su punto máximo. José sentía la gloría mientras esa chica que había conocido hace solo unas horas le propiciaba el mejor sexo oral de su vida, y pensar que el estaba en contra de toda clase de ligue urbano con desconocidos. Cuanto tiempo desaprovechado.
Por un momento le dio curiosidad algo. No recordaba el color de sus ojos. Verán, para José el color de ojos de una chica es de gran importancia, ya saben, de ese tipo de fijaciones-casi-fetiches que algunos solemos desarrollar. José no era la excepción, y por el contrario, era el ejemplo perfecto, sin embargo la fuerte sensación no le permitía abrir los ojos.
Con sobre salto todo cambió. Ella se detuvo y cuando José bajo la vista a mirar, era su madre quien lo veía fijamente. No había ido a la escuela, se había quedado dormido nuevamente mientras su madre muy enojada le expresaba que ella no pretendía lavar esas sábanas.
