Es recomendable escuchar la canción mientras se lee la miniatura.
Abrí los ojos. Al fin había terminado mi eterno letargo y estaba listo para actuar. Las calles seguían siendo tan frías y oscuras como las recuerdo, pero con una diferencia notable. No había gente. Nadie, en ningún lugar.
Me deslice suavemente entre las gélidas aceras, buscando, a quién fuese; me sentía solo. Muchas veces nos proponemos un mundo solitario como una utopía, un modelo de existencia perfecto en donde el ser humano auténtico pueda desarrollarse sin la sombra y mediocridad de otros; nadie que interfiriera con mi grandeza. Ya veía yo cuan equivocado estaba.
Baje a la subterraneidad del metro y llegue a Frktorft, el suburbio más alejado en la ciudad. Viejas memorias invadían mi mente y un impulso espasmódico me incitaba a regresar a aquel viejo lugar. Adentro estaba él. Le sonreí como un niño pequeño que encontraba a su madre a la par que le volaba los sesos con mi revolver. Al fin había conseguido aniquilarme a mi mismo... para siempre.
