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jueves, 3 de diciembre de 2009

La Muerte

Desde el escenario pudo sentir la muerte. Entró al recinto en un momento tranquilo; la canción se tornaba pausada y plausible cuando recibió esa incomoda e incesante sensación a través de su espina dorsal.
     La vida de Kate siempre había sido extraña. Desde niña siempre se encontró con situaciones que su entendimiento no lograba escudriñar y comprender, pero esa noche en especial pensó que esto había llegado quizás un poco demasiado lejos, sin embargo decidió y se mentalizó a que ella era más fuerte aún que cualquier clase de agente externo.
     El concierto continuó con naturalidad hasta el final, cuando en una improvisada sesión definitoria, Kate pudo entenderlo todo. No estaba en un concierto de Rock, ni siquiera se llamaba Kate; tan solo era una pequeña partícula brillante flotando entre Júpiter y Saturno. Al menos eso le tranquilizó el día, no se trataba de la muerte.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Conticinio

Es recomendable escuchar la canción mientras se lee la miniatura.



Descendía lentamente entre las fugaces ondas luminosas. El firmamento planetario se plasmaba frente a mí, a la par que mis ojos perdían la visión dada la maravilla de luces y colores que se expresaban en la superficie. Era hermoso. Hermoso como el único recuerdo de la tierra que permanecía dentro mí, esa dulce mirada; lo único más hermoso que la fugaz estela solar que emitía el reflejo de la neblina cósmica era esa dulce mirada.  Esa dulce mirada por la que habría entregado todo,  por la que habría otorgado mi existencia; precisamente esa dulce mirada por la que me encontraba en este lugar.
     Nunca perdí la esperanza de encontrarla y… aunque en el fondo de mí sabía que la inmensidad intergaláctica era demasiado grande para un simple mortal, el anhelo de volver a verla era infinito. Quería volver a verte, volver a verte y estar contigo, para siempre, como aquella mañana... en que soñé que no morías. Te amo.


viernes, 27 de noviembre de 2009

Paradoja Temporal

Es recomendable escuchar la canción mientras se lee la miniatura.



Abrí los ojos.  Al fin había terminado mi eterno letargo y estaba listo para actuar. Las calles seguían siendo tan frías y oscuras como las recuerdo,  pero con una diferencia notable.  No había gente.  Nadie,  en ningún lugar.
     Me deslice suavemente entre las gélidas aceras,  buscando,  a quién fuese;  me sentía solo.  Muchas veces nos proponemos un mundo solitario como una utopía,  un modelo de existencia perfecto en donde el ser humano auténtico pueda desarrollarse sin la sombra y mediocridad de otros;  nadie que interfiriera con mi grandeza.   Ya veía yo cuan equivocado estaba.
     Baje a la subterraneidad del metro  y llegue a Frktorft,  el suburbio más alejado en la ciudad. Viejas memorias invadían mi mente y un impulso espasmódico me incitaba a regresar a aquel viejo lugar.  Adentro estaba él.  Le sonreí como un niño pequeño que encontraba a su madre a la par que le volaba los sesos con mi revolver.  Al fin había conseguido aniquilarme a mi mismo... para siempre.