Desde el escenario pudo sentir la muerte. Entró al recinto en un momento tranquilo; la canción se tornaba pausada y plausible cuando recibió esa incomoda e incesante sensación a través de su espina dorsal.
La vida de Kate siempre había sido extraña. Desde niña siempre se encontró con situaciones que su entendimiento no lograba escudriñar y comprender, pero esa noche en especial pensó que esto había llegado quizás un poco demasiado lejos, sin embargo decidió y se mentalizó a que ella era más fuerte aún que cualquier clase de agente externo.
El concierto continuó con naturalidad hasta el final, cuando en una improvisada sesión definitoria, Kate pudo entenderlo todo. No estaba en un concierto de Rock, ni siquiera se llamaba Kate; tan solo era una pequeña partícula brillante flotando entre Júpiter y Saturno. Al menos eso le tranquilizó el día, no se trataba de la muerte.
