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martes, 5 de enero de 2010

Mi roble

Eres un amor. Realmente te amo. Realmente eres todo para mí y lo único que me importa ya a estas alturas de mi solitaria y asquerosa vida. En algún momento me sentí preocupada de volverme una quedada, que se me fuera el tren, que saliera el último bus de la estación, ya saben, de esas cochinas solteronas, de tantas que hay. Yo ya no soy de esas.
     Es alto y robusto, con mucha fuerza en sus extremidades y con un porte que me mata. Sabe precisamente como tratarme y cuando hablar; es bastante inteligente, como uno nunca esperaría, y en la cama... pues, como es de esperarse, tiene la fuerza de un roble.
     Estoy en mi lecho de muerte y solo he pedido que me sepulten junto a ti, mi amado, bajo tus verdes hojas y tus fuertes ramas. Te amo mi querido y adorado roble.