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sábado, 19 de diciembre de 2009

Hombre-roca

El humo de las rocas era magistral; verlas despedir esa estela gris de fuerte e incandescente amor me animaba a por fin conseguirme una novia. El campo era grande e infértil, como me gusta, lleno de miles de rocas. Siempre me han dicho que hay muchos peces en el agua pero jamás creí encontrar la fuente del mero cardumen.
     Me acurruqué al lado de cada piedra, grandes y pequeñas, a cada una le di su oportunidad, sin embargo eran todas muy frías... o por el contrario, demasiado ardientes. Que extremas las rocas, con razón no se consiguen novio. Así pasaron las horas mientras recorría ese estéril suelo volcánico hasta que encontré el único espécimen que sentí, podría ser mi pareja ideal. Hicimos el amor, como nunca lo había hecho, su corteza era tan suave, nada que un hombre-roca como yo hubiera visto antes, sin embargo, al final, me rompió el corazón, pues nunca pudo atreverse a decirme un: "Te quiero". Malditos cadáveres humanos, caminan en las ciudades sin darse cuenta que están muertos.