lunes, 1 de marzo de 2010

Inconexa, perfecta

Te lo repito una vez más, si pretendes eliminarte, elimínate ya. Es un desperdicio tu vida de inconexa existencia... Abre los ojos... ¡despierta! Abre los ojos sin que la luz pase por tu retina. Fotografía el instante. Date cuenta, observa y analiza, plasma sin ver, matiza los colores, degrada la emoción, haz una yuxtaposición, entiende, comprende, aprende.
     Para ir y conocer, destilar tu química voraz, has de tener tu febril condescendencia. Actúa, actriz, actúa sin conocer tu papel, aunque te sientas idiota. Actúa sin saber si rompes la cuarta pared del equilibrio entre tú y yo. Rómpela. Rómpela y mira, mira lo que hay detrás, date cuenta de cómo has actuado, entre muros. Libérate. Deja que la luz refracte tu gloria en si misma, la libertad, tu levedad, nimiedad. Has de estar preparada si te has propuesto al fin saltar de la Montaña Sagrada, el camino es arduo y no vale la pena, ¿pero acaso no lo harías? ¿Crees que no lo haría contigo? ¿Por ti? Irrelevante es tu violento aparecer, tu desbordante insignificancia cuando la metáfora del tiempo que maneja te lleva de la mano hacía el interminable vals de la memoria. Piensa, pero no escuches, no a ti, no sola, no herida, no... Para terminar una vez más, proceder, exceder, converger... yuxtaponte de una vez así, la última ocasión decidida; habrá de ser la primera y la definitiva. Haz la ocasión al ocaso, escucha el silencio y detente... Hoy es tarde para mí, para los dos, pero mañana, puede que aún sea temprano.

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