Hiéreme, lastímame, toma mi alma y desgárrala con las malditas dagas de tu desprecio. Arrebátame consciencia, quítame el orgullo y destrózame alerta; considera omnipresente tu elocuencia y adórame hasta que muera... Enséñame a sufrir y a amarlo como tú, como a ti... Eso quiero, sí, aunque te de miedo saberlo...
No me dejes inerte... no caigas en la egolatría de tu egoísmo culpable, no le quites el blanco y el negro a mi escala de grises; extremiza, ahonda, hiéreme, lastímame, otórgame el privilegio de la desgracia y matiza el asco que conmueve mis puntos erógenos.
Acuchilla mi espina desde el fondo, enrosca la daga como buscando mi alma, succiona el deseo como abrirme los ojos; permite que exponga la luz, sombra negra que me envuelve y ahoga mi permuta. Me encantas. Me encanta tu sagaz furia rebelde, me encanta tu inherente cobardía fugaz... Atrévete de una vez... córtame la cabeza... atrévete de una vez y despójame de toda mi única certeza; quítame el delirio y al final déjame vacío, como siempre... como nunca.

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