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domingo, 3 de enero de 2010

Aprender

Me ahogué... fue demasiado y... me ahogué.
     Desde el fondo veo hacia arriba y veo el cielo, veo el otro extremo, veo mis pies. Desde el fondo veo hacia abajo y veo la tierra, veo el otro extremo, veo mi cabeza. Si observo a mí alrededor, está todo repleto, es un desierto, y como todo buen desierto, no hay nada. El desierto está repleto de nada y me estorba para vivir; me quita espacio. La nada me quita espacio. Nada me quita espacio.
     En la superficie está mi mente y en mi mente hay pequeños detalles de mí. Mis ojos son la fuente y proyector de esos detalles, con ellos puedo ver el otro extremo, puedo ver más allá, no solo puedo ver mi nuca, sino que puedo ver lo que sigue, puedo ver nuevamente lo que ven mis ojos, verlo por segunda vez, verlo con perspectiva. Aprender.

martes, 15 de diciembre de 2009

Sólo 24

Te invité a pasar 24 horas. Solamente 24. Retomar nuestro pasado, aplicarlo a un presente, con la incertidumbre del futuro, y es que, serían sólo 24 horas; 24 horas en donde solamente importaríamos tú y yo, en donde juntos; los dos, ambos, de forma mutua, elegiríamos el destino que como par ambivalente hubiésemos de tener. 24 horas serían la fórmula. 24 horas restablecerían un nuevo fondo. Aplicarlo a la figura.
     Esperé tu respuesta por días, semanas y meses. Día tras día, a las 6 de la mañana me dirigía al buzón a esperar tu carta, con mis maletas en la mano, con las llaves del auto y con tu teléfono en marcado rápido. Tenía tu teléfono, sí, sin embargo era más poético así, de la forma tradicional, antigua. Siempre nos habíamos comunicado de esta manera, cuando era importante.
     ¿En qué momento me dejaste de escribir? ¿Hace cuantos años que escribo solo? Un buen día me levanté temprano, como siempre, y lo único que encontré entonces fue tu acta de defunción, arrojada por mi ventana, junto con un cuchillo y una nota que leía: "Porque yo también la amaba, como tú y otros más, pero la ingrata jamás escuchaba; solo se reía de los demás."