sábado, 30 de enero de 2010

Escribo en legítima defensa

Leo en legítima defensa. Seguí el consejo de una de mis fuertes mentoras, de los parteaguas de mi educación. Comprendí que leer desmiembra la realidad y que, escribir, la plasma de una forma totalmente diferente, a voluntad. Escribir es jugar a ser Dios... sin los límites que su concepto presupone.
     Escribo para un público, pero antes, escribo para mí, escribo porque a veces la mente no me es suficiente para dibujar mi mapa mental. Escribo porque mis demonios están mejor afuera, que adentro. Escribo porque al salir de mi mente, puedo verme a mi mismo. Escribo porque de otra forma no me atrevería a verme al espejo. Escribo porque sé que si me viera al espejo, no vería nada de cualquier forma. Escribo porque sé que así, no queda en mí. Escribo porqué se que todo es mi culpa. Escribo no para pedir perdón, sino para pagar mi penitencia. Escribo porque no me entienden. Escribo para que no me entiendan. Escribo porque cuando lo hago, me siento feliz. Escribo porque me siento vacio cuando termino. Escribo porque estoy enamorado. Escribo porque soy demasiado débil para el amor. Escribo porque sé que la sociedad no está perdida. Escribo porque me da asco la gente. Escribo porque sé que nada va a cambiar. Escribo porque quiero cambiarlo todo. Escribo porque los límites únicamente se los coloca el ser humano. Escribo porque me gusta jugar a ser Dios. Escribo porque me gusta sentir esa fuerza. Escribo porque no la tengo…

sábado, 23 de enero de 2010

A veces

¿No es absurdo y risible que el fin último de nuestra existencia sea el existir mismo? Es casi irónica esa frustrante manifestación real de lo cotidiano. Para poder desenmarañar la vida no hay que buscar más allá. El significado de la vida no está escondido en otro lado más que en la vida misma, y eso, precisamente, es lo que nosotros, los necios, aún no logramos abstraer.
     Cuando Iván se encontró solo en el desierto pensó en sus alternativas; por un lado, era el día más feliz de su vida, estaba solo, y en su soledad, era perfectible dentro de si mismo, no había quien le estorbase ni se inmiscuyera... Por un momento deseo profundamente estar con Helena... luego recordó que la había matado bajo su propia mano dos días antes... Bueno, ya, a cualquiera le pasa, pues qué más daba, lo hecho, hecho estaba.
     Helena conoció a Iván cuando ellos tenían apenas 16 años, fue una situación bastante tierna. Un día mientras cruzaban por los pasillos se vieron a los ojos. Ese momento fue en donde Iván supo que Helena debía de morir. Ese momento fue en donde Helena supo que daría lo que fuera para morir en los brazos de Iván. Es graciosa la problemática de las relaciones de pareja; nos evitaríamos muchas muertes si entendiésemos quizás que nuestro dulce caramelito no puede leer nuestra mente, ¿ajá?, es cuestión de conceptos, claro, solemos mal entender y olvidar que a algunos la muerte nos parece más romántica que un beso, el sexo o cuestiones de aquellos.
     Volviendo a los paralelismos y elaborando un análisis crítico de la situación, la cuestión concluyente de todo se centraba de forma polarizada en banalidades de ética y moral; todas esas cosas que a la gente le encanta utilizar como prestanombres excluyentes de su propia miseria. En el desierto no estaba Iván, estaba Helena, por su vivir cruzó fronteras y prefirió no volver, muriendo él, para que no muriese ella.

sábado, 16 de enero de 2010

Elsa y José Luis

Somos juguetes del destino, lo sé. Es bastante curioso, tal vez demasiado consternarte como para siquiera tener relevancia alguna. La catastrófica mesura de nuestras acciones; las que hacemos y dejamos de hacer por igual, desencadena una serie interminable de eventos que suceden latentemente o sólo latentes se quedan.
     Elsa conoció a José Luis mientras yacía de pie en el asfalto de las frías calles xalapeñas, junto a la banqueta de la calle #3; esperaba el autobús y realmente nunca pensó que alguien fuese y se acercase a ella, a hablarle. No le sorprendió, pues se sabía bonita, y era más que obvia su superflua atracción hacía los especímenes masculinos, así tan simples como son. José Luis fue diferente, Elsa, rápidamente, al verse abordada, estaba a punto de sollozar cualquier getawayfromme pre-programado hasta que tuvo la interesante delicadeza de procesar intelectualmente las palabras del joven.
     - Eres bonita y lo sabes, pero yo no me ando con mamadas, ni te voy a rogar, adular, pedir y mucho menos insinuar que seas mi novia. Te lo exijo, en este momento. Ahora.
     Elsa muy consternada de semejante declaración, y al mismo tiempo maravillada, no por la osadía o gallardía del príncipe, sino por lo apabullante del discurso, dijo rápida, fuerte y estruendosamente que sí... pero sólo en su mente; la verdad es que en ese momento pasó el bus y la arrolló; brutalmente. Pendeja. Para qué se espera a media calle.

martes, 12 de enero de 2010

Consciente

Estaba exponencialmente equivocado you know; no había muerto del todo aquella mañana de Septiembre, por lo que decidí salir de mi casquete (forzando falso cognado) y me hice camino a lo largo de los asquerosos 6 pies de tierra y gusanos que gentilmente, hiciesen favor -comolosamo- de colocar sobre mí.
     Pero regresando, claro, al tema que estaba tratando justo antes de interrumpir mi discurso, sabiéndose que suelo hacerlo, aclaro, pues como es la gente de oscura hoy día y no le gusta escuchar hablar sobre sí misma, que esto se trata más bien de una cuestión de principios. Ética. El infamesillo duendesín que tanto molestábame no tuvo de otra al saber que toda la sangre de su cuerpo fluía ya fuera de él, y se lo dije; - Ya te moriste, ¿ya ves? - Si's cierto. Y se murió, porque como es claro, la muerte viene y va, viene y va, y de tanto bamboleo y vaivén, a veces se le olvida avisar.
     Yo creo en lo personal que para ser todo un beisbolista hay que tener buen diente, y si nos jactamos de hacer retihartos jonrones pues lo más coherente es comerse una o dos personas de vez en cuando, ¿no lo cree usted así señor González? ¿¡O es acaso que nuevamente se quedó dormido en mi ficticia sesión terapéutica!? ¡Ya ni uno mismo puede hacerse un buen psiquiatra!

lunes, 11 de enero de 2010

Sinceramente: Separador de Libro

Con esto termina la faceta como proyecto escolar de Sinestesia, La Visión Subjetiva del Ser. Fueron 47 días en los que diariamente (y a veces no tan diario) me dispuse, y dispusieron a mi disponer, a publicar una pequeña miniatura literaria que rayase en los bordes de las 150 palabras. Como ejercicio literario fue bueno, y creo que aprendí bastante, practiqué mucho y pude aplicar en mayor o menor medida mis influencias.
     A partir de hoy, Sinestesia, La Visión Subjetiva del Ser cambia, para ser igual, pues este blog no se abandona, sin embargo su formato será un poco distinto. Ya no habrá entradas diarias (quizás por rachas), pero ciertamente calculo poner al menos unas 2 o 3 por semana (y cuando posible, más). La limitante del tamaño ya no existirá y sin embargo mantendré, en su mayoría, el formato de miniatura literaria, pues me ha gustado, sin descartar en un futuro también, el colocar algunas cuestiones más extensas o complejas.
     Despidose así, entonces, el que prescribe, esperando que estas primeras 47 muestras queden como documento histórico a la posteridad y que la gente que lee ávida o casualmente este espacio, lo siga haciendo, dejando, de ser posible y de cuando en cuando, un comentario, una retroalimentación, que para el escritor es muy importante.
     Y así.
     Sinceramente.

domingo, 10 de enero de 2010

Deuda

El hambre me invade inevitablemente y entonces me doy cuenta, tengo ganas de ti. Me hace falta devorarte parte a parte, poco a poco, con dulzura y delicadeza; como a una zorra masoquista. Hace ya casi 3 meses de la última vez que te vi desnuda y hace tan sólo 3 horas te saboreaba en mi imaginación, como suelo hacer; siempre te lo dije, tú eres mi mismísima fantasía sexual, tú siendo tú y con tu capacidad de ser todo lo que quieras, todo lo que quiera.
     Te iré a buscar a tu casa, tocaré, entraré y charlaremos un rato, lo suficiente para que sientas mi presencia, para que te familiarices con mi contacto, para que empieces a buscarlo inconscientemente. Te haré sentir a punto con mis caricias y me daré la vuelta y me iré, esperando a que me alcances por detrás para rogarme que por favor te haga el amor, y es que me debes una última vez, aunque bien sabes tú que te gustaría deberme más de las que te imaginas pagando, día a día, extrañándome, aunque no lo aceptes.

sábado, 9 de enero de 2010

Intérprete

Largos y certeros, sus dedos recorrían una a una cada pieza del rompecabezas que la embelesaba. La propia interpretación de lo ya plasmado es lo que enriquece su formación. Realmente es impresionante como un pequeño conjunto de maderos blancos y negros puedan ser la herramienta principal mediante la cual Silvia desenmarañaba su rompecabezas. La Música.
     Interpretaba con soltura. Desde pequeña se le instruyó para ser una pianista magistral; era envidiable la visión poética que poseía de su instrumento, de su alma en 84 teclas que expresaba con cada matiz del que impregnaba sus piezas.
     El piano era lo único que la acompañaba en su solitaria vejez, después de que sucumbiera ante la esquizofrenia y todos se alejaran de ella... Todos, que fueron lo suficientemente egoístas para culparla a ella de sus propias muertes, como si sus finos dedos de instrumentista fueran capaces de mancharse bajo la sangre de un entintado destino.