Leo en legítima defensa. Seguí el consejo de una de mis fuertes mentoras, de los parteaguas de mi educación. Comprendí que leer desmiembra la realidad y que, escribir, la plasma de una forma totalmente diferente, a voluntad. Escribir es jugar a ser Dios... sin los límites que su concepto presupone.
Escribo para un público, pero antes, escribo para mí, escribo porque a veces la mente no me es suficiente para dibujar mi mapa mental. Escribo porque mis demonios están mejor afuera, que adentro. Escribo porque al salir de mi mente, puedo verme a mi mismo. Escribo porque de otra forma no me atrevería a verme al espejo. Escribo porque sé que si me viera al espejo, no vería nada de cualquier forma. Escribo porque sé que así, no queda en mí. Escribo porqué se que todo es mi culpa. Escribo no para pedir perdón, sino para pagar mi penitencia. Escribo porque no me entienden. Escribo para que no me entiendan. Escribo porque cuando lo hago, me siento feliz. Escribo porque me siento vacio cuando termino. Escribo porque estoy enamorado. Escribo porque soy demasiado débil para el amor. Escribo porque sé que la sociedad no está perdida. Escribo porque me da asco la gente. Escribo porque sé que nada va a cambiar. Escribo porque quiero cambiarlo todo. Escribo porque los límites únicamente se los coloca el ser humano. Escribo porque me gusta jugar a ser Dios. Escribo porque me gusta sentir esa fuerza. Escribo porque no la tengo…
