Largos y certeros, sus dedos recorrían una a una cada pieza del rompecabezas que la embelesaba. La propia interpretación de lo ya plasmado es lo que enriquece su formación. Realmente es impresionante como un pequeño conjunto de maderos blancos y negros puedan ser la herramienta principal mediante la cual Silvia desenmarañaba su rompecabezas. La Música.
Interpretaba con soltura. Desde pequeña se le instruyó para ser una pianista magistral; era envidiable la visión poética que poseía de su instrumento, de su alma en 84 teclas que expresaba con cada matiz del que impregnaba sus piezas.
El piano era lo único que la acompañaba en su solitaria vejez, después de que sucumbiera ante la esquizofrenia y todos se alejaran de ella... Todos, que fueron lo suficientemente egoístas para culparla a ella de sus propias muertes, como si sus finos dedos de instrumentista fueran capaces de mancharse bajo la sangre de un entintado destino.

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