viernes, 8 de enero de 2010

Triunfo

Los constantes trompeteos que se alcanzaban a colar por las rendijas que quedaban dispuestas en las viejas y maltratadas ventanas de su cuarto le llegaban hasta lo más profundo del cerebro. El sonido del trombón y el corno inglés retumbaban por todo el cuarto mientras la banda marchaba por la avenida principal.
     Liz odiaba con toda su alma las festividades de otoño; eran un simple pretexto para que los holgazanes como ella despertaran a buena hora y se dispusieran a producir por el bien de la nación, pero ella, como misántropa que era, rara vez salía siquiera de su casa, y apoyar al gobierno que le arrebato a su familia en el exilio de la guerra adyacente, jamás. La puerta sonó. Liz bajo rápidamente a asomarse por la mirilla, pero justo antes de que pudiera hacer más, una certera ráfaga de fuego balístico le atravesó el abdomen. La guerra había terminado; la habíamos perdido.

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