Hola, le dije valientemente. Nunca antes en el pasado me había atrevido a hacer algo así, hablarle a un extraño, más aún, a una extraña, joven y bonita, sentada a las orillas del lago; en las faldas de la colina en donde se apreciaba una vista completa.
Obviamente no logré prosperar demasiado, había sido un impulso súbito y espontaneo, por supuesto que no sabía que decir, nunca lo había sabido y las palabras no iban a fluir mágicamente de mí como su fuera un experto... sin embargo así sucedió. Yo sabía que esperaba a alguien, pero no pude evitar despejar por lo menos la última incógnita que me acongojaba. Quería saber su nombre; realmente tenía el afán, la necesidad de conocer al menos como se llamaba aquella imagen de mi imaginaria composición fotográfica que no me dejaba perderme ensimismado en mi profundo trance reflexivo.
Las estrellas estaban ausentes en la planicie celestial y sin embargo era una hermosa noche… tan llena de vida, tan llena de cotidianeidad; de ese simple hecho de existir a la par de mí, del mundo, como ella. Isabel.


