jueves, 31 de diciembre de 2009

Mi vaso de agua

Las manecillas se derriten y caen con fuerza hasta el fondo del vaso... Mi vaso es de elegante vidrio, transparente, como todos, pero tiene una pequeña peculiaridad. No tiene fondo.
     La parte superior de mis pies está llena de color, ahí, crece infinidad diversa de nuevas y pequeñas cosas; un pequeño arbolito, musgo silvestre y creo que por temporadas se establece una pequeña cabaña junto a mis dedos, probablemente con alguno que otro habitante.
     En mi habitabilidad subjetiva, mi cabeza está en el cielo y mis pies en la tierra; el tiempo se licua entre mis manos y mi propio destino es forjado a cada segundo que ha pasado mañana; en cada palabra y en cada instante se crea lo que me ha ocurrido desde el principio de mi existencia, que desde el momento de abrir los ojos me brindó una visión clara de lo que habría de ser mi vida... lástima que nosotros humanos nos la arrancamos a los pocos días. Gracias.

martes, 29 de diciembre de 2009

Instintos

Amo el sentir de la suave brisa mientras me deslizo a toda velocidad por la montaña rusa, el caótico vaivén de las palabras me embriaga mientras escucho el sube y baja de nuestras emociones; esa ligera sensación de malestar placentero. Soy una maldita masoquista, y es que... me encanta sufrir, no hay cosa que más placer me otorgue en la existencia. El encontrarme tan indefensa, tan pobre de mí, tan fácil, tan víctima de mi feroz predador... me encanta, me excita sobremanera.
     A veces, cuando estoy sola y no estás conmigo, me acuerdo; me acuerdo de la vez que me tomaste contra mi voluntad en el pequeño pasillo húmedo y oscuro junto a la casa de mis padres, yo llevaba un lindo vestido pues íbamos a una de esas fiestas elegantes, pero a ti no te importó, el sólo saberme utilizada para saciar tus bajos instintos aún me provoca orgasmos mentales... y no solo eso.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Infierno en la tierra

La luz es horrenda, me lastima la vista; mis corneas ya casi no gozan de visión y esa pequeña filtración de luz hace que lo que resta de mis ojos se hinche hasta casi salirse de sus cuencas.
     Llevo 82 meses en esta oscura y maloliente caverna metálica, guareciéndome. El infierno nuclear azotó la tierra y las guerras llegaron por fin a su último término; ya no había contra quien pelear. Hoy en día sólo sobrevivimos aquellos que fuimos lo suficientemente precavidos para conseguir uno de estos refugios... Eso quiero creer, dado que hace ya varios años que no veo auténtica luz solar, hasta hoy.
     Por la ventanilla del refugio pude ver el rostro de mi pequeña Katherine que me llama a salir, de alguna forma sobrevivió. Me abalanzo hacia la puerta y la abro, corro rápidamente a rodear el Bunker y entonces siento como se desintegra mi tórax... malditos demonios...

domingo, 27 de diciembre de 2009

Duermo en paz

A las 3 de la mañana suelen suceder las más curiosas cosas, si bien nada de lo normal es bueno, lo decente ciertamente tampoco es normal. Unos pequeños ojitos viven detrás de mi ventana, cuando es de noche y llego, los veo, ahí, solos, como unos pequeños ojitos tras mi ventana.
     Duermo en paz, y descanso. No hay alboroto más que el de mis padres. Noche tras noche escucho como suben y bajan las escaleras, azotan puertas y rompen platos, como si algo buscaran, como si algo los persiguiera. A mí me da igual, pues a las 3 de la mañana suelen suceder las más curiosas cosas, y si bien nada de lo normal es bueno, lo decente ciertamente tampoco es normal.
     Los pequeños ojitos tras mi ventana me tranquilizan. Sé que están ahí por mi y que me cuidan, que no me dejan solo y que... el alboroto que arman mis padres... lo dejaron ahí por adelantado, para evitar que los extrañase, claro, pues llevan 2 semanas de vacaciones.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Misantropía

Me da asco el amor. La verdad es que me da asco la humanidad, no puedo amar a alguien si todos mis semejantes me repugnan. Soy un misántropo. En mi esquina me cobijo mientras espero a que otro día de trabajo más muera de una buena vez. Estoy harto de fingir para que la gente piense que los aprecio tan siquiera un poco; no es así, si por mi fuera, estarían todos muertos y desempeñaría entonces mi tarea en mi solitario, apacible y totalmente perfecto cubículo... aunque entonces, no tendría razón de ser tarea alguna.
     Sin responsabilidades, órdenes, un líder y una motivación; sin seres humanos, no vale la pena entonces seguir con existencia y eso es asqueroso. Seguramente algo por esas líneas es la principal razón por la que la gente cree en Dios, para no sentirse perdidos y solos. Yo no pretendo ceder ante sus banales nimiedades y superficiales preocupaciones... cuando nazca mi hijo, por favor solo les pido... que le digan la maldita verdad: El mundo es una mierda.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Millones de explosiones nos habitan

El ser interior, lo interno; la parte intrínseca de nuestra persona, nuestra personalidad. Parte distinta, pero parte igual. Empezar con el principio, terminar con lo anterior. Nuestra sección pluscuamperfecta, el segmento perpetuo. La existencia que nos sigue y a la que seguimos al vivir dentro de nosotros mismos, al existir en subjetividad de forma externa al mundo, interna a nosotros, diferente.
     Sentimos. Sentimos porque somos imperfectos, pero cada uno perfectible en sus propias fluctuaciones deficientes. Somos unas perfectas equivocaciones, unas erradas ecuaciones de igualdad, somos irrevocables...
     Somos reales porque somos irreversibles. Existimos y ya... pero nunca lograremos existir, en ello radica nuestra perpetuidad, nuestra relevancia, y nuestra existencia subjetiva. Todos somos tan distintamente semejantes y tan indistinguiblemente diferentes.
     Millones de explosiones nos habitan.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Noche Buena

En las calles realmente no importa quién eres. Lo que has hecho en el pasado y lo que harás en el futuro no te distinguen de nadie más en la masa. En un lugar y momento en donde todos somos iguales, en donde nada nos puede diferenciar y donde no podemos llamar la atención, el ser humano experimenta la más grande e insoportable levedad... o la más grande e insoportable pesadez.
     La noche de navidad me encomendé a sobresalir aunque fuera un poco de entre los demás. Compre todos los juguetes que pude con mi aguinaldo y me vestí de Santa Claus. Me aventuré casa por casa, dejando un juguete por cada árbol navideño, por cada niño que esperara una sonrisa...
     Hoy es el gran suicido; por fin el grupo es lo suficientemente grande para entregarnos al señor, creo que sus padres no podrían haber imaginado un futuro más digno para cada uno de sus pequeños hijos.