Somos juguetes del destino, lo sé. Es bastante curioso, tal vez demasiado consternarte como para siquiera tener relevancia alguna. La catastrófica mesura de nuestras acciones; las que hacemos y dejamos de hacer por igual, desencadena una serie interminable de eventos que suceden latentemente o sólo latentes se quedan.
Elsa conoció a José Luis mientras yacía de pie en el asfalto de las frías calles xalapeñas, junto a la banqueta de la calle #3; esperaba el autobús y realmente nunca pensó que alguien fuese y se acercase a ella, a hablarle. No le sorprendió, pues se sabía bonita, y era más que obvia su superflua atracción hacía los especímenes masculinos, así tan simples como son. José Luis fue diferente, Elsa, rápidamente, al verse abordada, estaba a punto de sollozar cualquier getawayfromme pre-programado hasta que tuvo la interesante delicadeza de procesar intelectualmente las palabras del joven.
- Eres bonita y lo sabes, pero yo no me ando con mamadas, ni te voy a rogar, adular, pedir y mucho menos insinuar que seas mi novia. Te lo exijo, en este momento. Ahora.
Elsa muy consternada de semejante declaración, y al mismo tiempo maravillada, no por la osadía o gallardía del príncipe, sino por lo apabullante del discurso, dijo rápida, fuerte y estruendosamente que sí... pero sólo en su mente; la verdad es que en ese momento pasó el bus y la arrolló; brutalmente. Pendeja. Para qué se espera a media calle.

"... y mucho menos insinuar que seas mi novia. Te lo exijo..."
ResponderEliminarLa frase es increible, directa... de esas que hay que guardar para la posteridad para el momento y la persona indicada... lo felicito como siempre... Gracias por atenuarlo...